Una sala de ensayo en una casa vieja cerca de la Plaza López la mediatarde de un domingo de verano. Después de la puerta de doble hoja de madera se abría un pasillo larguísimo. Antes de llegar al final había una bifurcación: para la izquierda estaba la pieza de uso doméstico donde el pelado encargado de todo ese lugar jugaba al wining eleven; para la derecha, después de la escotilla insonorizante, la sala de ensayo propiamente dicha. Antes de empezar a tocar, un guitarrista de Pie le dice al otro: “Pensá en el Carpo”. Pappo, el músico que se alejó del ditellismo para recluirse en un taller mecánico y que abandonó la banda de Miguel Abuelo porque “quería tocar blues”, ese era su mojo.